La elaboración del tren fue muy divertida. Esta clase de actividades traen a mi mente recuerdos de la época del colegio en la que hacía muchas manualidades. Antes de iniciar su elaboración decidí que el material base sería cartón y que el tren llevaría una locomotora, un vagón de carga y dos de pasajeros.
Materiales:
- Cajas de cartón
- Dos palos de balso
- Dos láminas de balso
- Un pliego de papel corrugado
- Dieciséis botones
- 1 rollo de cartón de papel de cocina
- Silicona
- Tapa de un tarro de desodorante
- Colbón
El primer paso fue hacer un dibujo muy general de lo que sería el tren con sus respectivas medidas. Estas cambiaron porque encontré una caja de la cual saqué los dos primeros vagones con medidas de 10 cm de largo por 6 cm de ancho, y para el tercer vagón, de 12cm x 6cm, utilicé lámina de balso.
Para forrar cada una de las cajas recorté papel corrugado color marrón.
Una vez tuve los tres vagones forrados les pegué los botones que utilicé como llantas del tren.
Luego utilicé el palo de balso para decorar los vagones con una línea horizontal y la lámina de balso la use para la simulación de las ventanas que resultaron un poco complejas por la delicadeza con la que se debían cortar.
Los vagones fueron pegados con argollas y ganchos de metal que fueron incrustados en un pedazó de madera de 3cm, cada uno se pegó en la parte inferior de un vagón.
Hechos los vagones inicié la elaboración de la locomotora para la cual utilicé una caja de jabón en polvo, la mitad de un rollo de cartón de papel de cocina y la tapa de un desodorante.
Luego pegué cartón corrugado, cuatro botones para las llantas y con lámina de balso hice las ventanas.
Por último los detalles finales: una campanita, números para los vagones y el domo de vapor.
NARRACIÓN: El tren y la importancia del juego
“Para el próximo martes deben hacer un tren de juguete que mida 30cm”, después de escuchar esa frase fruncí el ceño. ¡Por favor!, estaba tranquila porque se aproximaba un fin de semana con festivo y ahora resulta que debemos hacer un tren! Ni que no tuviéramos nada más que hacer, pensé. Lo acepto, sentí angustia y desesperación porque, como de costumbre, el fin de semestre estaba bastante agitado. Durante todo el día pensé en el tren, me surgían preguntas, divagué un rato, pensaba en cómo iba a organizar mi tiempo. Mis compañeros y yo empezamos a suponer cómo nos gustaría hacer el tren y qué personas nos podrían colaborar. Por cuestiones de tiempo y ajetreos en la universidad se llegó el viernes y aún no había iniciado, estaba preocupada, porque aunque decía que no le quería invertir mucho tiempo a ese trabajo, sabía que demandaría bastante dedicación. Llegué estresada a mi casa, había comprado varios materiales y a las 8:30pm lo único que había decidido era que mi tren llevaría tres vagones. Mi padre se acercó a mirar los materiales y lo primero que me pregunto fue: “¿ya hizo un bosquejo de lo que quiere hacer?”, mi respuesta fue negativa. A partir de ese momento mi padre se sentó conmigo en el comedor y empezó a dibujar. Recordé inmediatamente mis años de escolaridad en los que tantas veces necesité de su colaboración y él siempre estuvo dispuesto a ayudarme.
¡Manos a la obra!, dijimos. Juntos iniciamos la elaboración del tren, él tomaba medidas, yo cortaba y mientras cogía el bisturí pensaba: A qué hora empezaré con las lecturas que tengo pendientes, a qué hora. A las doce de la noche, solo habíamos terminado los tres vagones, digo solo, porque yo quise haber terminado el tren aquella noche. Sentí desesperación de nuevo, el sábado difícilmente podría adelantar algo en el día, pero de todos modos me faltaban materiales para forrar los vagones, así que ni modo, me fui a dormir.
El sábado continuó la elaboración del tren, la preocupación ahora era por las llantas, ¿cómo serían las llantas de mi tren? Diego se ofreció a colaborarme, tal vez se pudieran hacer en madera, pero yo no quise, quería que fueran diferentes, que tuvieran algo de particular. Así que las llantas fueron reemplazadas por botones marrones. También compré cartón corrugado y otros materiales que hacían falta para algunos detalles del tren. En el momento que vi los tres vagones ya forrados y con sus llantas, me tranquilicé un poco, ya estábamos más cerca de la meta y me agradó mucho como estaba quedando el trabajo. De nuevo llegaron las doce de la noche, me costaba creer que aún no habíamos terminado pero el sueño ya me dominaba, ahora el domingo debía terminar o terminar.
Lo que faltaba ahora era la locomotora, cuál sería la trompa de la locomotora. El domingo en la mañana a mi padre se le ocurrió la gran idea de que fuera la tapa de un desodorante. No puedo negarlo, él se encontraba más emocionado que yo, escuchar las historias de su juventud fue muy agradable, hacer ese tren fue como hacer un viaje en el tiempo; revivieron lugares, momentos memorables, personas queridas, deseos, experiencias… Mi padre me contó con detalle sus viajes en tren con mi nonito, la tranquilidad de aquella época y los lugares que conoció y recorrió. Confieso que si no hubiese tenido tantas cosas por hacer habría disfrutado más esta tarea, porque las manualidades me gustan mucho, pero tener que hacerlas con preocupación no es lo mismo. Sin embargo, la actividad resultó interesante porque renacieron habilidades que tenía en el olvido y sobretodo por el tiempo que compartí con mi padre. ¡Ya casi, ya casi”, decía emocionada, siempre faltaba algo, la campanita de la locomotora, la punta roja de la trompa, las ventanas verticales, hasta que por fin, el tren quedó como lo quería, con colores serios, en este caso marrón, llantas llamativas y que simulara un tren antiguo.
Minutos más tarde llegó a mi casa un primito de tres años y lo primero que dijo fue: “¿Lala puedo jugar con tu tren? Sonreí enseguida, me volví niña por un momento, jugamos un buen rato. Él hacia el sonido del tren, le quitaba los vagones y mientras tanto yo le preguntaba de qué color era, cuántas llantas tenía y cuáles eran los números de los vagones. Fue así como terminé esta larga tarea…
EL JUEGO
Desde el momento en que el profesor Wilson dejó esta actividad, recordé mi paso por la Normal. De sexto a once vi materias como: orientación pedagógica, principios de psicología, medios de ayudas educativas, historia y vida de maestros y finalmente las tan anheladas prácticas. En cada una de esas asignaturas me explicaron desde diferentes perspectivas, la importancia del juego.
ü El juego es uno de los primeros medios que el ser humano tiene para establecer relaciones con otras personas, por lo tanto también sirve para crear vínculos afectivos.
ü A través del juego se presentan las normas como elemento básico del funcionamiento de la sociedad y se aprende a seguir instrucciones.
ü Es una estrategia eficaz que favorece y promueve la necesidad de comunicarse.
ü En casos en los que el niño es el creador del juguete o del juego, el sentido de responsabilidad incrementa, debido a que se ve ese objeto como el resultado de su propio esfuerzo.
ü El juego favorece el desarrollo psicomotor del niño.
ü El maestro debe tener en cuenta la edad de los estudiantes para la utilización de los diferentes juguetes o juegos.
Comparto un video sobre este tema:
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