Era mediodía, me encontraba en la entrada de uno de mis lugares predilectos por la época de tercer semestre, la escuela de economía. La iluminación y frescura de ese lugar era lo que más me atraía. El viento me sorprendió muchas veces con su danza sutil mientras mis compañeros y yo dedicábamos horas para estudiar, almorzar, jugar UNO, tomar onces e incluso para descansar.
Nos separaba cierta distancia, me encontraba a tan solo unos pasos de él, yo escuchaba música en su Ipod, en tanto que él buscaba conciliar el sueño por un momento. No sé exactamente qué le sucedía, por qué saltaba de repente, cómo podía en un lapso tan corto quedarse profundamente dormido, quería saber qué mundos desconocidos habitaba por instantes, qué veía, quería saberlo…
Acostada en el suelo, lo miré, estaba cerca, un poco más cerca que hacía un par de minutos. Cruzado de brazos, vencido por un largo trasnochar cargado de literatura, supongo. Llevaba un pantalón de líneas verticales ancho, una camiseta amarilla y una delgada manilla, de las pocas que le quedaban, como solía decir. Su rostro estaba frente a mí, miré con detenimiento su cabello negro y liso, parecía suave, la forma de sus cejas, sus largas pestañas, sus labios delgados. Algo me llamaba la atención, algo me atraía, pero no sabía exactamente qué era. Pasados unos minutos, tomé esta fotografía.
Recuerdo que en ese tiempo la materia que más provocó largos trasnochos fue lírica con el profesor Jimmy Fortuna. Fueron largas horas de lectura, de consultas y de asombro, sí, mucho asombro y deleite cuando se descubre que lo catalogado como malo, vulgar o pecaminoso es, en realidad, ignorancia y ceguera impuesta por la religión y los prejuicios. Diego y Gessica fueron mi grupo de trabajo, a propósito, mi extraordinario grupo de trabajo. Juntos conseguimos hacer una ardua consulta de la vida y obra del escritor Jorge Gaitán Durán. Él no tuvo temor de hablar de la naturaleza del hombre, de la libertad y del erotismo, a través del juego de palabras, de la dulce palabra escrita en versos.
Los recuerdos surgen uno tras otro, increíble cómo una fotografía puede trasladarnos a esas tardes que perecían eternas, las reflexiones continuas, los nervios que producía su presencia, las explicaciones junto a un libro, las sospechas de un sentimiento, al abrazo inocente, la mirada inquieta, la gota de rocío que acompañaba el ocaso… Un inicio, un pasado, un presente y tal vez un futuro se encuentra en esta fotografía. Ese día quise estar atenta al momento en el que ese bello durmiente se despertara, “-Dieguillo, ya es hora de despertarse”, dije. Al instante lo que tanto esperaba, su sonrisa.
CAPERUCITA ROJA - TRIUNFO ARCINIEGAS


No hay comentarios:
Publicar un comentario